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lunes, 12 de mayo de 2014


Para todos los uruguayos, no importa el lugar en el que vivan, dejo esta  


CONVOCATORIA

ESPACIO MIXTURA
2014
IV CONCURSO LITERARIO DE POESÍA Y NARRATIVA 
El Espacio Mixtura es un agrupamiento multicultural que reúne a los interesados en estimular y gestionar las diferentes manifestaciones de la cultura y del arte. El 2 de mayo de 2014 el Espacio Mixtura llegó a su séptimo año de existencia. En el año 2007,  recién formalizado el Espacio, se realizó el I Concurso de Poesía y Narrativa para Escritores de Canelones. En el 2009 con motivo de cumplir su segundo aniversario organizó un concurso de Logotipo y es el que utilizamos para identificarnos. En el 2010 se convocó a poetas y narradores de todo el país. En el año 2012 se decide convocar a las categorías de poesía y narrativa para los uruguayos residentes en el Uruguay y también a los que residen en Latinoamérica. En estos dos últimos se convocó a Concurso de Investigación, habiéndose declarado desiertos en ambos casos.
En este año 2014 nos extendemos y convocamos a los uruguayos que residen tanto en el Uruguay como fuera del país abarcando todos los continentes.
Estas son las Bases de los Concursos:
BASES

A partir del 2 de mayo de 2014, se podrán presentar todos los escritores uruguayos no importa donde residan. Se aceptará un único trabajo por autor en cada categoría, escrito en idioma castellano.
POESÍA – CUENTO
 “Espacio Mixtura” convoca por cuarta vez este concurso literario al que podrán concurrir todos los escritores con poemas y  cuentos que reúnan las siguientes condiciones:
POESÍA:
1º.- Los poemas tendrán tema libre, cien (100) versos como mínimo y trescientos (300) como máximo y estarán escritos en castellano, siendo originales e inéditos. Puede ser uno o más poemas, que tendrán que llegar en forma de libro. Letra Times New Roman 12, espacio 1,5.
2º.- Los concursantes enviarán sus trabajos únicamente a la siguiente dirección:
Poste Restante de Correo Nacional, Sucursal Nº 01,  Palacio Municipal a nombre de Betty Chiz C.I. 619478-8. Montevideo, Uruguay.
En el sobre  se indicará: IV Concurso Literario Nacional Espacio Mixtura categoría poesía
CUENTO
1º.- Los cuentos tendrán tema libre, 10 (diez) páginas como mínimo y 60 como máximo.  Puede ser uno o varios cuentos, tendrán que llegar en forma de libro  y estarán escritos en castellano, siendo originales e inéditos. Letra Times New Roman 12, espacio 1,5.
2º.- Los concursantes enviarán sus trabajos únicamente a la siguiente dirección:
Poste Restante de Correo Nacional, Sucursal Nº 01,  Palacio Municipal a nombre de Betty Chiz C.I. 619478-8. Montevideo, Uruguay
En el sobre  se indicará: IV Concurso Literario Nacional Espacio Mixtura categoría cuento.

Condiciones comunes a todas las categorías: 
3º.- Los trabajos se firmarán con seudónimo, siendo eliminadas las composiciones que permitan la identificación de su autor. Se presentarán en tres copias, bajo el sistema de plica.
Un sobre donde se colocará la obra con sus respectivas copias. Se escribirá en su exterior: categoría, título de la obra y seudónimo y dentro se incluirá un sobre pequeño que indique en su exterior: seudónimo y título de la obra, que contendrá en su interior título de la obra, categoría, seudónimo y los datos personales (nombre completo, cédula de identidad, fecha de nacimiento, domicilio, teléfono y dirección electrónica. Ambos sobres, el que contiene la obra y el que contiene los datos se incluirán en un único sobre grande donde conste en el exterior: IV CONCURSO LITERARIO ESPACIO MIXTURA / LA CATEGORÍA QUE PARTICIPA / SEUDÓNIMO Y TÍTULO DEL TRABAJO
4º.- El plazo de admisión de los trabajos se cerrará el día  30 de junio 2014 a las 24 horas. Los jurados deberán expedirse antes del 15 de setiembre de 2014.
5º.- Se establecen los siguientes premios: primero, segundo y tercer premios y menciones en cada categoría.
Se hará entrega en acto público de certificados, trofeos y se difundirán los resultados en todos los medios a los que tiene acceso el Espacio Mixtura (prensa, radio, Internet, televisión), invitando a los ganadores a entrevistas y presentación de sus obras, pudiendo ser invitados asimismo a su lectura en diferentes ámbitos donde el grupo está vinculado y su publicación en los medios virtuales del Espacio (facebook).
El primer premio en poesía consiste en la edición del libro por parte de la editorial Loquevendrá, entregándose la cantidad de 30 ejemplares al ganador.
El primer premio en narrativa consiste en la edición del libro , editorial a definir, entregándose una cantidad de ejemplares al ganador.
6º.- Cualquier premio podrá ser declarado desierto y se reitera que un autor no podrá presentar más de un  trabajo en una misma categoría. No se otorgarán primeros premios compartidos.
7° - Los que fueron premiados en el Concurso inmediato anterior del Espacio Mixtura no podrán presentarse en esta convocatoria en la categoría en la que obtuvo la distinción.
8º.- No se podrán presentar textos que  hayan concursado en convocatorias anteriores o que estén comprometidos en otros concursos que no hayan fallado aún.
9º-. El fallo del jurado de cada categoría, que es inapelable, se hará público por prensa y radio.
La nómina de jurados para cada categoría está conformada por :
En la categoría  Poesía: Washington Benavides, Claudia Magliano y Diego Rodríguez Cubelli.
En la categoría Narrativa: Rafael Courtoisie, Mercedes Rosende, y Mónica Marchesky
10º.- La organización del Certamen se reserva la facultad de publicar los trabajos que crea conveniente.
11º.- El hecho de participar en este Certamen implica la aceptación de estas bases.
12º.- El correo electrónico que estará disponible para consultas es:
bchiztov@gmail.com

POR ESPACIO MIXTURA:

Betty Chiz -
Mónica Marchesky
MONTEVIDEO, 12 de mayo de 2014.


lunes, 7 de abril de 2014

Presentación de "Cuentos en tinta china". Montevideo, Uruguay.





Sin conocernos, sin saber nuestra raza, sexo, origen… después de cruzarnos en un certamen literario, una maravillosa pandilla de personas y yo, decidimos juntarnos e intercambiar nuestras escrituras. Esto culminó en algo hermoso. Creamos un taller en el ciberespacio, llamado “El Corral de las Palabras”, y ahí nos convertimos en amigos. Pero, como sucede en casi todas las relaciones, quisimos ver un fruto salido de nuestras entrañas y entonces nació el primer hijo: “Cuentos en tinta china”. Como padres orgullosos decidimos mostrarlo al mundo y a mí me tocó esa labor el día 19 de marzo del 2014 a las 20 horas en mi país, Uruguay, y en mi ciudad natal, Montevideo.

Susana Zurbrigg, artista plástica, fue la encargada de mostrar y hablar, sobre los dibujos de Don Lucio Sahagún. 
A continuación, Betty Chiz, poeta, narradora, periodista, coordinadora de Espacio Mixtura, directiva de La Casa de los Escritores del Uruguay... tendría la responsabilidad de hablar sobre la parte narrativa, los escritores y el libro en general.

Después tomaría yo la palabra, con una breve intervención. Aquí dejo parte de ella.
"Buenas noches. 
Quiero agradecer a La Casa de los Escritores del Uruguay por brindarme un lugar físico y amigable para hacer mi presentación. Lo hago en la persona de Lilián Hirigoyen, Presidente de La Casa, que tengo frente a mí. También a Espacio Mixtura, por estar pendiente de cada detalle asistiéndome paso a paso. Gracias a estas dos amigas que tan bonito hablaron del libro, Betty Chiz y Susana Zurbrigg. Y muchas gracias a todos ustedes, por abrazarme con su presencia.  
Para mí escribir es crear y crear me llena de alegría. Tal vez es una forma de espantar los fantasmas que llevo dentro, no lo sé, lo que sí sé es que escribir me hace feliz. 
En la modalidad cuento es donde más cómoda me hallo.
Creo a mis personajes comenzando por su perfil psicológico y, a partir de esto, les doy sus características físicas y los sitúo en el mundo.
Hablando de psiquis, les contaré que en esta jornada me he convertido en doce personas. Sí, pues somos doce los escritores de "Cuentos en tinta china". Por motivos de distancia física, no de espíritu, ellos no pueden estar conmigo.
Hace casi seis años nos conocimos en un certamen literario, por Internet, y desde entonces seguimos juntos compartiendo literatura y amistad..." 

Al finalizar los presentes vieron el booktrailer que ya ha sido publicado en este blog.


Betty Chiz, se empeñó en que leyera uno de los cuentos escritos por mí. Elegí el más corto: "Recuerdos de Bedlam" y con la firma de autógrafos se dio por finalizada la presentación. 
¡Gracias a todos y hasta la próxima!

miércoles, 18 de diciembre de 2013

CUENTOS DE NAVIDAD



NAVIDAD, NEGRA NAVIDAD...






Susana, con ambas manos, recogió su cabello en forma de  moño. Estaba segura de que el pelo le favorecía suelto, pero el calor hacía que lo sintiera como una cortina pesada sobre la espalda y que la nuca se le humedeciera por la transpiración. Entonces se miró en el espejo del comedor y, como “Alicia en el país de las maravillas”, viajó; sólo que Susana fue hacia un día especial de su pasado.
La fragancia de los jazmines reinaba en el patio trasero de sus abuelos. Esa noche juntarían varias mesas y a su alrededor se reunirían hasta los parientes más lejanos. Susanita corría por los pasillos jugando con sus primos y tarareando canciones alusivas a la Navidad. Entró al dormitorio de sus tíos. Eran jóvenes, como sólo lo serían en aquel momento en que el abuelo cumplía el papel de líder absoluto. Sabía que le estaban rogando para que los dejara ir a la playa. “Podemos celebrar ahí la Nochebuena”, le dijeron. La temperatura, en Montevideo, rondaba los cuarenta grados. Una vez dado el sí, la alegría que Susana sintió fue inmensa. Vio a los adultos cargar bolsos con comida y otros con bebida. La fiesta se haría en la playa.
Un gran mantel se extendió sobre la arena y se colocaron los diferentes alimentos. Antes o después de la cena compartirían bellos juegos en el mar que estaba ahí, esperándolos. Con tan sólo cuatro años, Susanita presintió que esa noche sería inolvidable.
La playa se había convertido en centro de encuentro para los vecinos, que intentaban aliviar la canícula apostándose cerca del agua. Los faroles a mantilla fueron las lámparas que alumbraron la reunión. Las estrellas brillaban en el cielo y atraían las miradas de los niños que vivían en la misma calle o en las cercanías de la casa de los abuelos. Convirtieron el calor insoportable en un evento digno de ser disfrutado. Extendían sus brazos, los elevaban y bajaban emulando a las aves y, corriendo lo más rápido posible, pretendían volar. Susanita llegó a creer, por unos instantes, que vencería la gravedad. Al fin, entre risas, se dejaron caer sobre la arena y decidieron examinar las sombras de la luna que estaba redonda como una pelota.
—Mi papá me contó que esas manchas son Los Reyes Magos —dijo uno de los pequeños.
Susana, que hasta ese momento no se había planteado el lugar de residencia de esos seres, pensó que ahí debían estar y pronunció con énfasis:
—¡Sí!
 Se generó, entre las criaturas, un silencio prolongado y lleno de miradas cómplices. Sólo se escuchaba el oleaje y las conversaciones de las personas mayores. Una prima de Susanita, que tenía el doble de edad que ella, se levantó y mirándolos dijo:
—¡Ustedes todavía son tan tarados para creerse ese cuentito! No existen los reyes. Los que nos dejan los juguetes son los padres.
—¡Tas loca! —gritó el niño que los creía habitantes de la luna— Yo vi a los reyes. No me podía dormir y  ellos me tiraron polvo de sueño para que cerrara los ojos.
—¡Mirá que sos mentiroso! —exclamó la prima de Susana—. Los reyes no existen. Yo misma voy con mi mamá a comprar los juguetes.
Susanita comenzó a sentir el pecho oprimido y la boca seca con gusto a metal. Se levantó y fue en busca de su madre. Cuando la encontró le dijo:
—Mami, quiero la verdad. No me vayas a mentir. ¿Los reyes magos existen?
La madre no contestó de inmediato, se tomó unos segundos, pero cuando lo hizo fue con un no rotundo, doloroso y desgarrador para la niña, que deseaba un sí por respuesta.
Susana lloró con desconsuelo. No podía asimilar esa noticia tan impactante como entristecedora. Los fuegos artificiales comenzaron a surcar el firmamento. Eran las doce, pero Susana no quiso disfrutar del espectáculo y hundió la cabeza en el pecho de su madre que la tenía en brazos. En esa reunión improvisada, el resto de los presentes, miraban absortos la composición de colores y formas que aparecían sobre ellos. Después comenzaron los saludos y  dos palabras se repetían incansablemente: “Feliz Navidad”. En ese momento notaron la ausencia del abuelo. Al principio no se alarmaron, pensaron que se habría alejado caminando con algún vecino. Con el transcurrir de los minutos, los rostros cejijuntos, los rasgos endurecidos, los labios dibujando curvas descendientes, nada tenían que ver con una celebración. Susanita seguía con su rostro oculto por sus reyes desaparecidos. En ese momento no le importaba que el abuelo no estuviera.  Se dio cuenta que su madre lloraba y creyó que se sentía mal por haberle dicho la dolorosa verdad.
El abuelo no fue encontrado. Especialistas en rescate buscaron en el mar por varias jornadas, pero no lo hallaron.
La tristeza enlutó a la familia. Los días se hicieron oscuros como el carbón con que, hasta entonces, habían amenazado a Susanita que le traerían los reyes si se portaba mal.
No volvieron a festejar la Navidad. Esa fecha se convirtió en mala palabra. La abuela no tardó en morir. Más allá del dictamen médico, todos creyeron que fue por tristeza y por el deseo de reencontrarse con su marido. Sus tíos se culparon por haberlo convencido de ir a la playa y la madre de Susana le recriminó a la pequeña el hecho de sentir más congoja por la inexistencia de los reyes magos que por la muerte del abuelo. El entorno de la niña se modificó de forma radical y la perjudicó convirtiéndola en una generadora de conflictos. Los creaba con la misma facilidad con que caen las hojas en otoño. Los padres la llevaron a terapia y Susana terminó dependiendo del terapeuta de turno. Era como un bastón del que no se quería desprender. Las veces que se consideró enamorada, intentó vivir en pareja. Pero terminaba boicoteándose la posibilidad de una vida medianamente feliz.  
Susana volvió a ver su rostro en el espejo y notó la boca seca con gusto a metal. Imaginó a los reyes magos sobre los camellos y recordó el agua y el pasto que les ponía cuando aún era una niña.  
Perder al abuelo, que su progenitora la culpara por no sufrir su ausencia como debía, la casi inmediata muerte de la abuela, a la que adoraba,  el hecho de que se diera por sentado que había fallecido por reencontrarse  con su esposo y vivir cada Navidad como un luto, la encerró en una neblina de la cual parecía no poder salir. Según su percepción, esta cadena de sucesos eran los responsables de sus fracasos, de su desequilibrio y de su profunda infelicidad. Mas sucedió un acontecimiento inesperado, que modificaría los sentimientos de Susana. Un hombre mayor apareció diciendo ser el abuelo. La familia se reunió y sí, era cierto. En un resumen, tan corto como impulsivo, el anciano explicó la verdadera historia de lo sucedido aquella Nochebuena. Les pidió disculpas y alegó, en forma de defensa, que los tiempos eran otros, que no sabía cómo hacer para dejar a su esposa, sus hijos y nietos, pero que estaba enamorado de otra mujer. Aprovechó la amplitud de la playa, la noche, la cantidad de vecinos, la soledad en que dejaron las casas y al mar como posible homicida. Pasaría a ser una víctima más de los ahogados que se cobraba año tras año. Este conjunto de circunstancias le brindó el marco ideal para fugarse y hacer que todos pensaran que había fallecido. Se escabulló y se dirigió a la casa. No dejó rastros de su presencia, pero recogió un dinero que tenía guardado. La abuela no estaba al tanto de que existía esa suma. Se quedó en una pensión, en la que dio un nombre falso, y el mismo veintiséis partió hacia el departamento de Rivera. Ahí vivía su amada y juntos, en una tranquila caminata, cruzaron a Santana do Livramento, Brasil. Lo más sorprendente es que, salvo por el dinero recogido por si alguna vez se atrevía a vivir con su amante, no tenía la menor idea de hacer algo así hasta que sus hijos le pidieron celebrar la Nochebuena en la playa. Aunque los extrañaba, estaba tranquilo; les había dejado todo, la casa, el negocio...  Ahora su pareja había muerto y se encontraba solo. Venía a pedirles perdón y les rogaba que se apiadaran de él. Los hijos, nietos y bisnietos, en una decisión casi conjunta, le cerraron la puerta en la cara. Sólo Susana quiso mantenerse en contacto con su abuelo.
Esa Navidad, como el resto de las que habían sucedido a la desaparición, ningún miembro de la familia se reuniría. Susana, en cambio, invitó al anciano. Se vistió de forma muy elegante y pese al calor dejó su cabello suelto. Cuando él llegó, quedó impactado al ver una mesa tan bien puesta; no esperaba tal recibimiento y hasta se emocionó al darse cuenta que  había una fuente con velas y jazmines rodeándolas, al igual que lo hacía la abuela.
A la hora de comer, el hombre pareció reticente después de probar la carne.
—¿Qué sucede abuelo, no es de tu gusto? —preguntó Susana con expresión afligida.
—Claro que sí, Susanita. Está riquísimo —contestó y no paró hasta dejar el plato vacío.
El viejo comenzó a retorcerse por el piso y le preguntó qué le había puesto a la comida. Susana le contestó que compró una colita de cuadril y la caló en el centro; en el orificio introdujo panceta ahumada, ciruelas pasas descarozadas, aceitunas negras y verdes sin huesitos, morrones rojos, previamente asados y pelados. Después, y pese al calor reinante, lo horneó. Todo en honor a su abuelo. “Eso sí —le dijo— en tu plato espolvoreé  un condimento especial. Un poco de estricnina. Lo suficiente para que mueras retorciéndote de dolor”.
Susana descorchó una botella de cava bien frío, se sirvió una copa, se sentó cómodamente y dijo:
—¡Salud! Tomaré tu regreso como el mejor regalo de reyes. Después de tantos años de dolor, seguro que me entienden. Estarán mirando desde la luna y haciéndome un guiño. 
 

Tornado Celeste.

jueves, 4 de julio de 2013

El día que intentaron robarme mis dibujos

Nunca pinté nada; bueno… de niña sí, los trabajos que me mandaban en la escuela, los que hacía en mi casa, los que compartía con amigos… pero, siendo mayor, me di cuenta de que no tenía dotes para el arte pictórico.
Ahí tienen mi confesión. Mas la mente suele ponernos trampas y la mía me hizo caer en una hace más o menos un mes. Me  consideré dueña de unos dibujos. No, me expreso mal. ¡Yo los había dibujado! No, no… tampoco sería justo decir eso. ¡Yo había plantado el árbol, que después se convertiría en el papel donde se crearía esa obra de arte, que sólo a mí me pertenecía y a nadie más! Así creo que se entenderá mejor lo que llegué a sentir por esas láminas.
Junto a unos amigos, todos escritorzuelos, según nos denominó una de ellos, decidimos lanzarnos en temeraria aventura: hacer nuestra propia edición. Una antología donde se recopilarían diversos cuentos de los miembros de este grupo. La idea nos gustó, pero era necesario ponernos de acuerdo en la temática o encontrar un hilo conductor sobre el cual escribir.
En eso estábamos cuando a una de estas amigas se le ocurrió una idea que yo considero brillante. Nos puso ante nuestros ojos pinturas de su padre. ¿De qué se trataría el emprendimiento? Pues de inspirar nuestros cuentos en aquellos dibujos o en adaptar alguno que tuviéramos y le acomodara a la perfección. Se decidió que cada uno tomaría una lámina y la trabajaría en forma de literatura. Yo, sin más permiso que el de mi propia persona, me apropié de las que me pareció.
Los dibujos calaron tan profundamente en mí y me gustaron tanto, que propuse hacerle un homenaje a su autor, Lucio Sahagún, dedicándole el libro que íbamos a autoeditar. Su hija nos dijo que no. Expresó con real firmeza que su padre sólo desearía ser uno más de nosotros. Ella lo conocía profundamente y nos envió una carta en la que daba las razones, que por cierto lo enaltecían y hablaban muy bien de él como ser humano.
El tiempo transcurrió y yo cada vez me sentía más compenetrada con los dibujos y los relatos que pondría bajo ellos. Pero toda esta magia que bullía dentro de mí fue hecha pedazos, sí, destrozada con la más brutal crueldad, por un email en el que una amiga, la que nos llama escritorzuelos, osó tomar uno de mis dibujos para uno de sus textos. Fue ahí, en ese preciso momento, en el que yo me sentí estafada, robada, indignada, herida en lo más profundo de mi ser. ¡Cómo alguien se atrevía a tomar aquello que era mío y sólo mío! Entonces surgió en mí —tengan en cuenta ambles lectores que todo se trata de mí— el Pithecanthropus erectus que todos llevamos dentro. Renuncié al emprendimiento. Yo, sí, yo, había sido víctima de una dura traición. Lo peor de esta situación es que la viví realmente como la narro. Parece mentira, pero es cierto. Ahí comenzó una lluvia de mails que trajo de la mano a mi razonamiento, que no sé en dónde se había metido, y comprendí que no me pertenecían los dibujos. Casi lloro al darme cuenta. ¡Cómo no podían pertenecerme aquellas bellezas! ¡Si yo ya las sentía carne de mi carne! Reflexioné —eso siempre viene bien—y me di cuenta de que nunca habían sido mías. Sólo me quedó volver, con la frente marchita, y enfrentar las consecuencias. Las hubo, sí, señores: escribieron sobre el jamacuco que me había dado y se rieron de mí. Yo, sí, una vez más yo, tuve que darles la razón. Después, varios dibujos se han compartido, pues cada escritor da su visión de la lámina y todos tan contentos.
Hace dos días que, por medio de una maqueta de lo que será el libro, miren si esto no es una terrible ironía, me vengo a dar cuenta de que aquel disgusto mío, sí, mío, había sido en vano. Es que, la siempre despistada amiga que nos llama escritorzuelos, había subido mal el dibujo y no se quería quedar con el “mío”. No se dio cuenta del número que escribió y era un error. Ella va a poner otro dibujo a su relato. Cuando le dije que la lámina que había elegido, en un principio, era otra, me contestó que qué tenía que ver ese dibujo con su relato. Le di la razón, cerré mi boca y ni le mencioné que ella, con sus errores de distracción, era la culpable, palabra que no puede ni ver escrita, del jamacuco que me poseyó en su momento. Les doy todos los permisos que sean necesarios, para reírse de mí como yo misma lo hago.
Se despide de ustedes, con una caricia de su pluma,

Tornado Celeste.