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viernes, 4 de septiembre de 2015

Poemas del adiós- Algeciras




Cuando los problemas no se resuelven al principio, acaban por estallar. Los cuatro jinetes del Apocalipsis cabalgan de nuevo.

         ALGECIRAS

Alguien canta al otro lado del mar
se oye el rumor.
Si, debe de ser un canto.
Se ven pateras que cruzan
a través del estrecho
Desde la otra orilla,
 se sigue oyendo un canto.
¿Será tal vez un llanto?
                                                                            

                                                              Mayo 2008






martes, 14 de julio de 2015

Grecia



En el año 594 a. de C. Solón promulgó una constitución que abolía la esclavitud por deudas. Aquella constitución fue la cuna de Europa.
En el año 2015, Alemania abolió aquella constitución. ¿Será esta abolición el ataúd europeo?
No lo sé, pero de aquello tan antiguo nos quedarán cosas tan modernas como ésta de Odysseus Elytis:

Del Egeo

El amor
El archipiélago
Y la proa de sus espumas
Y las gaviotas de sus sueños
En la vela más alta el marinero hace ondear
Una canción

El amor
Su canción
Y los horizontes de su viaje
Y el eco de su nostalgia
En la roca más mojada la novia espera
Un barco

El amor
Su barco
y la despreocupación por sus vientos etesios
Y el foque de su esperanza
En su más suave oleaje una isla acuna
La llegada.
II
Juguetes las aguas
 En los sombríos vados
Anuncian con sus besos el alba
Que despunta
Horizonte -

Y las palomas torcaces un eco
Hacen resonar en su cueva
Despertar azul en la fuente
Del día
Sol-

Da el mistral la vela
Al mar
Las caricias de los cabellos
A la indolencia de su sueño
Relente -

Una ola en la luz
Hace renacer los ojos
Donde la Vida boga hacia
La contemplación
Vida-
III
Murmullo beso en su arena acariciada - Amor
Su libertad azul la gaviota
Entrega al horizonte
Olas vienen y van
Espumosa respuesta en los oídos de las caracolas
¿Quién se llevó a la muchacha rubia y quemada por el sol?
La brisa con su soplo transparente
Inclina la vela del sueño
A lo lejos
Amor su promesa murmura -

Bisbiseos.

De "Orientaciones"
Ediciones del oriente y del mediterráneo 1996
Versión de Ramón Irigoyen

jueves, 25 de junio de 2015

OPERACIÓN BIKINI

Van andando deprisa
las andarinas.
No de paseo, no, sino deprisa.
Echan un pie adelante, veloz y ciego,
con radar en la suela, de aeroplano.
Y sin posarlo, alza su vuelo el otro.

Sudan las sudaderas
las andarinas.
Sin mirar adelantan al paseante.
A pesar de su prisa, hablan y hablan.
De qué hablarán. Tan solo se oye
al pasar, el rumor, de una manada.

Han desaparecido
las andarinas.
Era su meta un bar de desayunos.
Cuando el viandante llega, solo se encuentra
unos platos con restos. Y picotean
entre sus dientes de cocodrilo, mil pajarillos.

domingo, 26 de abril de 2015

Notas para una poética



                                                                         


      Hoy se tiene un sentido reverencial hacia la poesía (sobre todo los autores), pero un poema es sólo un conjunto de palabras que pueden causar algún tipo de emoción, y no en todas las personas, ni siquiera puede causar la misma emoción en cada lectura que haga un mismo lector. Fuera de eso un poema no es nada.
       Entre todo lo que se escribe, al contrario de lo que creen los poetas, hay muy poco capaz de cumplir la aspiración horaciana de alcanzar la inmortalidad del autor, ni siquiera esa inmortalidad más pequeñita que dura lo que duran sus amigos o sus enemigos. Este sentido reverencial que es alimentado por los autores y por las elites, que necesitan composiciones casi cabalísticas que sólo ellos saben interpretar, convirtiendo la poesía en oscuros jeroglíficos, o en un concurso de metáforas a cual mas rebuscadas (esto para el común de los lectores), tratando quizás de  ocupar el lugar de la “inmensa minoría” juanramoniana y dejando a la mayoría de lectores el lugar de los iletrados e insensibles; y luego dicen que no gusta la poesía. Pero a esta mayoría, aunque no se diga, le llena más las fábulas de Rafa la jirafa, o el cachalote Xavier, que los tomos de Aleixandre, y creo, como Trapiello, que hay que deshacerse de las viejas vanguardias y volver a la esencia de las emociones que puedan ser leídas y sentidas sin ese halo de intelectualidad que los autores de la elite quieren imponernos.

                                                                                   El Gato de Cheshire
                                                De: “Una tarde, una mujer, una lluvia”  2008 

lunes, 8 de diciembre de 2014

Adoración



                                
   

Los Reyes Magos se dirigieron al Portal. Antes de llegar se toparon con una valla de mármol. Llegaron hasta la puerta, ante la que estaba un señor vestido de sotana blanca, con su solideo y su báculo de oro.
—¿A dónde van ustedes?
—A adorar al niño.
—¿Tienen día y hora?
—¿Cómo que día y hora?
—Sí, claro. No creerán que se puede venir a adorar así como así. Tienen que pedir cita. ¿No ven toda esa fila de pastores y lavanderas? Pues llevan días esperando. Miren, vayan a aquella mesa, que les den fecha, y luego pónganse a la cola.
—¿Quién es usted?
—El Papa, el representante del Niño.
Mientras Melchor, cabizbajo, fue a pedir hora a la mesa cardenalicia de adoraciones, Gaspar y Baltasar sacaron juguetes de unos sacos y, al ir hacia el final de la cola, fueron repartiéndolos a los niños de los pastores y  de las lavanderas.
El ángel,  sentado en lo alto del portal, con el codo apoyado en una de sus rodillas, y la cara descansando en su mano, miraba la escena aburrido. Esperaba que alguien entrara a adorar, para coger pose.
La Virgen lavaba pañales y los tendía en el romero.

 El Gato de Cheshire

domingo, 31 de agosto de 2014

Cruda luz del invierno, por El gato de Cheshire



                      CRUDA LUZ DEL INVIERNO

Cogidos del brazo caminamos, una vez más, por el sendero.
A los lados, la nieve amontonada y sucia, se derrite lenta.
Fuera del camino, todo el campo es de un blanco azulado
y un sol tímido y frío da al paisaje, una pálida luz de candileja.

Treinta años paseando por el mismo camino. Todos los días.
Y  esta cruda luz  del invierno, nos encanece el alma
y nos lacera las ilusiones, ahora ya en el ocaso,
con esa gélida espada infatigable que es el tiempo.

¡Ah! Cómo desearíamos, que los años olvidaran su crueldad,
y nos hicieran volver a la fértil inocencia del estío.
A los días en que el amor y la vida comenzaban,
y la rama dorada descansaba en nuestras manos.

Pero aunque nos siga mandando su implacable cosecha
Y las rosas de oro no ceñirán de nuevo nuestras sienes,
El tiempo aquel, el que habitamos en nuestro paraíso,
seguirá viviendo en nosotros para siempre.